Sociedadcableada, por Juan Varela
Un blog sobre los nuevos ciudadanos y medios digitales
MADRID.- Apple abre, con trabas, el iPhone a los desarrolladores para crear aplicaciones para el teléfono móvil. Pero la gran noticia es la posibilidad de entenderse con los sistemas corporativos de Microsoft. El iPhone se lanza a por el mercado de BlackBerry.
iPhone de Apple vs. Pearl, de Blackberry
El objeto de deseo de los más trendys no quiere ser sólo un aparato precioso. Steve Jobs y su compañía apuestan por el mercado de empresa y refuerzan su alianza con Microsoft.
La operación es también un espaldarazo para la compañía de Gates, reforzada con esta apuesta de Apple frente a Google y su sistema operativo para móviles, Android, basado en software libre y sostenido por una Open Handset Alliance donde no está Microsoft.
Apple quiere convertir al iPhone en el auténtico ordenador de bolsillo de los próximos tiempos y para ello se conectará con los ordenadores y sistemas operativos de las empresas. Con los precios de la telefonía móvil y la conexión a internet todavía caros, sabe que hay un gran mercado de datos y aplicaciones para los clientes de negocios al que se incorporan lentamente los usuarios privados. En ese mercado Microsoft es el gran dominador y su alianza refuerza la posición del gigante de la informática frente al ataque de Google y las aplicaciones de internet.
Buena noticia para Microsoft después de sus problemas para hacerse con Yahoo y la multimillonaria multa de la Unión Europea.
Dos defensores de los sistemas cerrados se unen en la era de la vida móvil. Apple se quedará con el 30% del precio de los nuevos programas y decidirá cuáles aprueba. Sólo la compañía de la manzana los podrá comercializar.
Microsoft gana cuota de mercado mientras continúa avanzando con Windows Mobile, su propio sistema operativo para móviles. BlackBerry ha bajado en la bolsa y Apple ya tiene 100 millones de dólares para financiar a los desarrolladores.
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Juan Varela es periodista y bloguero.
La vida real y virtual en el ciberespacio y la actividad de los nuevos ciudadanos digitales. Una exploración de la vida cuando todos podemos ser medios. Los desafíos de la democracia y la ciudadanía digital. La cibercultura y las ideas que animan la vida digital y las identidades de dominio público en la era del ciborg sentimental.
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No entiendo cómo Apple no mira un poco hacia el progreso, Europa y Asia, en vez de mirarse todo el día el ombligo y sólo pensar en EE.UU. +
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Fuimos a EEUU a probar su tren. Aquí están las conclusiones. Mal, mal...
Algunos países ven esta práctica más cerca del soborno.
A la 'excelencia general' entre los medios grandes en lengua no inglesa.
Frank Luntz, el consultor político norteamericano que es un experto en el uso del lenguaje, usó como subtítulo de su libro más famoso una frase que es demoledora: no es lo que dices, es lo que la gente oye. Luntz constata algo muy cierto: en política, como en cualquier otro campo, cuando comunicamos lo hacemos para que alguien reciba el mensaje. Personas que, por sus motivaciones, reciben el mensaje de una forma distinta unos de otros. Pero es en política donde esta diferente sintonía del receptor toma una mayor importancia.
En: E-Campanya
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Intentar tener todos los detalles bajo control es esencial. Especialmente cuando organizamos un acto, como podría ser, por ejemplo, un discurso o una rueda de prensa. Concebir cómo se verá ese acto en televisión o en YouTube. Qué captaran las fotografías que saldrán en prensa. Controlar hasta el más mínimo detalle. Aunque un traspié acabe acaparando los flashes.
En: E-Campanya
Recomendación: Albert Medrán
Photoshop: veinte años retocando la realidad (política)
En: E-Campanya
Recomendación: Albert Medrán
En Estados Unidos existe una ya larga tradición de dotar a sus campañas electorales con canciones de campaña. Temas, algunos populares y otros menos conocidos, que vienen a apoyar el mensaje y la imagen del propio candidato. Si en España existiera esa tradición, quizás Zapatero escogería el hit eurovisivo de Remedios Amaya y cantaría aquello de “ay quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva”. Rajoy podría atrevirse con el Aserejé de las Ketchup: una canción festiva y alegre –ya se ven en Moncloa- pero inteligible, como sus promesas de mejora sin saber bien qué hará.
En: E-Campanya
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