Sociedadcableada, por Juan Varela
Un blog sobre los nuevos ciudadanos y medios digitales
MADRID.- ¿No es hora de que la música venga con la entrada del concierto? Al menos algunas canciones. Cuando la música grabada cada vez vale menos y los conciertos crecen como nunca una de las posibilidades de reinventar la industria musical puede ser vender entradas a los conciertos con derecho a descarga (legal, por supuesto).
Kylie Minogue, en Zúrich
Los datos son cada vez más tozudos, pero muchos se niegan a menudo a entenderlos. Según el último informe de la SGAE, el año pasado los conciertos de música pop crecieron un 21,6%. Incluso aumentaron los de música clásica un 1,1%.
Pero no fueron los únicos. Las artes escénicas crecieron un 14,4% en 2007. Conclusión: además del éxito de las producciones del año pasado, a la gente le gusta salir y ver en directo a sus artistas preferidos.
Promusicae (Productores de Música de España) se queja de que los jóvenes españoles "valoran la música como uno de los elementos más importantes de su tiempo libre, pero sólo unos pocos, los más fans, contemplan la necesidad de pagar por las obras".
Y en el mismo informe surge una solución: "Los demás sólo sopesan la posibilidad de pagar por asistir a conciertos y se conforman con descargar las canciones a través de las redes P2P".
Pues eso. No es mala idea. Ah, ya, que entonces cambia el negocio y esos productores y discográficas que son asociadas de Promusicae están en peligro.
Bienvenidos a la realidad. Imparable, por cierto, por mucho que reclamen al gobierno leyes persecutorias más duras.
Los jóvenes consideran en ese estudio la asistencia a los conciertos como una forma de "colaborar directamente con el artista". Y no les falta razón.
El último informe de ingresos de la MCPS-PRS, la SGAE británica, registra un aumento en 2007 del 20% en los ingresos de los músicos por conciertos y actuaciones (168,2 millones de euros) mientras los ingresos por ventas de CD y soportes físicos bajaron un 11% para quedarse en 191,1 millones de euros, superados por los 195,7 millones de los derechos por reproducción en radio y televisión.
Steve Porter, director ejecutivo del gestor de derechos británico, aseguró que "la bajada de un 11,1% de los ingresos por productos físicos fue más que compensada por la innovación y el crecimiento en las licencias de música y en casi todas las otras áreas de nuestro negocio".
¡Qué diferente a las sempiternas quejas españolas!
La industria musical no tiene más futuro, como tantas, que innovar.
Si la música es uno de los mejores contenidos de marketing para otros negocios y el problema es la saturación, ¿por qué no usar esos conciertos tan deseados tanto para que el público seleccione a sus artistas preferidos como para promover su trabajo?
Especialistas en la industria musical como Bob Lefsetz se hacen eco ya de una idea que no es nueva, pero que cobra mayor sentido cuando el coste de la distribución y la copia es casi cero.
Si la industria musical quiere sobrevivir ya puede ir cambiando. Y cuando se paga por un concierto 30 euros o más, no cuesta mucho distribuir algunas canciones con la entrada.
¿Y qué pasa si ya la tienen? Nada, es gratis. A lo mejor hay suerte y son versiones diferentes y, por tanto, las dos tienen valor. Pero ¿después comprarán más música de ese artista? Claro. Música como promoción de más música. Está dando resultado en las redes sociales y en iniciativas como las de Radiohead, Nine Inch Nails o R.E.M, por no hablar de tantos grupos que existen porque se han hecho un hueco con MySpace al margen de las discográficas.
Pero Promusicae lo tiene claro. Cuando el negocio crece con los conciertos, "nadie repara en los otros profesionales involucrados en una grabación, como productores artísticos, compañías discográficas, técnicos o diseñadores", dice en su nota sobre el último informe sobre hábitos y motivaciones entre los jóvenes consumidores de música que ha realizado.
¡Tate!
Está claro que cambia el negocio y su estructura. Pero entonces cuando se pide "cortar las libertades", como ha dicho su presidente, Antonio Gisasola, aunque reconociendo que "siempre es molesto", lo que se está haciendo no es "proteger la cultura", sino a algunas personas y empresas que viven de un negocio en reconversión.
¿Y para eso se pueden recortar libertades?
Para, total, al final ganar sólo un poco de tiempo.
El negocio ha cambiado. Y ya no está en la comercialización de soportes físicos ni en un modelo de venta que los usuarios consideran obsoleto porque "no quieren disponer de más cedés en casa (...), prefieren pasarse los archivos directamente al ordenador y de ahí a un reproductor portátil".
Si la industria musical quiere sobrevivir ya puede ir cambiando. Y cuando se paga por un concierto 30 euros o más, como sucede tan a menudo, no cuesta mucho distribuir algunas canciones con la entrada digital o en soporte físico que, además, puede ir patrocinado y sumar ingresos publicitarios. Y más cuando además el 39% de los asistentes a conciertos compran todavía música grabada, según la encuesta de hábitos culturales del Ministerio de Cultura.
El precio de la música enlatada se aproxima a cero, pero su valor aún es alto para sus fans. Nuevos modelos de negocio permitirán a los músicos disfrutar de sus derechos y crear nuevas redes y medios de comercialización para seguir viviendo de su obra.
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Juan Varela es periodista y bloguero.
La vida real y virtual en el ciberespacio y la actividad de los nuevos ciudadanos digitales. Una exploración de la vida cuando todos podemos ser medios. Los desafíos de la democracia y la ciudadanía digital. La cibercultura y las ideas que animan la vida digital y las identidades de dominio público en la era del ciborg sentimental.
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